Indignante artículo de el “señor” César García.
Yo diría que deberíamos de respetarnos unos a otros, como leí en varios comentarios abajo de este indignante “articulo” creo que deberíamos de respetar la diversidad sexual y tengo muchos amigos gay y lesbianas que son aun mejor persona que mucha gente que conozco. Porque libertad es actuar conforme lo que nuestro corazón dice no importando la gente, no conforme a lo que la gente dice no importando nuestro corazón.
Desde mi punto de vista me pregunto, tanto que condenan a estas personas, pero sería buenísimo que condenaran a los infieles, alcohólicos, drogadictos, depravados sexuales, y así podría seguir, me atrevería a decir que la gente que es homofóbica tiene mas de alguna costumbre de las antes mencionadas, mejor deberían de ver por su vida y arreglar todo lo que han hecho mal, porque a ellos nadie los juzga porque no tienen tiempo para los hijos, a ellos no les juzgan porque son alcohólicos, y menos darles vergüenza porque llegan a casa acabando de salir de un motel con la amante, dejen en paz a esta gente y preocúpense por su vida, ESO SI TIENEN UNA, si no búsquenla o háganla.
La moda gay
Será esto libertad o degradación?
Por: César A. García E.
En nuestro país se les llamó –siempre– “huecos” a los homosexuales, término que hace apenas una o dos décadas, se utilizaba también para denotar “cobardía”. En Guatemala, nadie quería ser hueco, era uno de esos insultos que provocaba retos de: “a la salida” en nuestros colegios y escuelas… y cuando alguno de los pleitistas se acobardaba, se escuchaba el grito de los observantes: ¡no seás hueco!
Este término tan chapín, se abandona paulatinamente, pues existe un plan macabro –gestado Dios sabe por quién– para convertir a los huecos en una especie “aspiracional”. Se trata de que muchos niños y muchachos quieran ser huecos y entonces, hay que llamarlos de otra forma “más occidental y moderna”; así que para esta sociedad, altamente malinchista, fue muy fácil adoptar el término “gay”, el cual es mesurado, globalizado y sustituye al chapinismo “hueco” en todas los estratos de nuestra juvenil y “moderna” sociedad que –dicho sea de paso– usa otros anglicismos –que empobrecen la comunicación de nuestros jóvenes–, como loser o cool, entre otros.
Debo aclarar que el término “hueco” no se aplicó nunca en nuestra sociedad, a personas con problemas congénitos de sexualidad, hermafroditas, etcétera, sino a pervertidos que pervertían y jalaban a sus –entonces secretos grupos– a niños y adolescentes, para convertirlos como ellos. Hace poco conocí a un guatemalteco trabajador y honesto, con 4 hijos; me comentó –devastado– que su hijo de quince años es “gay” y que un maestro –del colegio cuyo nombre no mencionó– está saliendo con el jovencito. El mentor tiene 20 años y convirtió en “su novio” a un adolescente vulnerable, quien cree amar a su maestro.
Un par de días después de conversar con este padre angustiado que no sabe qué hacer, observé la campaña que muestran en su parte posterior buses urbanos, titulada “Políticamente”, en donde un par de hombres –uno más afeminado que el otro– están tocando sus dedos y a punto de darse un beso. La campaña –según lo informara elPeriódico– es impulsada por la “Red Nacional de Diversidad Sexual” la cual, a mi juicio, no promueve –como lo aseguran sus impulsores– la lucha contra “homofobia”, sino alienta a todo niño o joven que esté por ser seducido por un mañoso mayor, a dar el paso a convertirse en “gay”, pues –ahora– dicha preferencia sexual es apoyada por la televisión, el cine, los gobiernos líderes del mundo, organismos transnacionales y por ello, “ya no existen dos sexos sino tres”.
El engaño es de tal magnitud que de pronto el ano se convierte –por decreto– en órgano sexual y los hombres “pueden tener hijos” porque –realmente– son mujeres operadas y con barba que conservaron su útero y ovarios; también niños adoptados pueden tener dos papás y dos mamás ¿Será esto libertad o degradación? Es probable que a la mayoría de los chapines, esta temática no le importe, como no le importa la violencia o la corrupción… hasta que se convierte en víctima de ellas. ¡Píenselo!